Introducción

· La repoblación forestal
      ¿Causa o pretexto de incendios?


· La ganadería de montaña
      ¿Compatibilidad forestal?


· Las especies forestales
      ¿Otro conflicto?


· La propiedad del monte
      ¿Origen de conflictos?


Conclusión

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Introducción

        Las iniciativas repobladoras, o también lo que se ha venido llamando Repoblación Forestal, se sitúan en el medio de un proceso que va desde el cambio de las estructuras sociales y productivas iniciadas a finales de siglo pasado hasta el presente. Los hechos que de forma secuencial se inician con la siembra del tojo y tímidamente de pinos por los vecinos, en un monte que aún tiene por definir la propiedad que proviene del Antiguo Régimen, pues los montes se aprovechan en común. Coincidiendo con el paulatino abandono de las estibadas y las rozas, se reparte el monte de forma que las peores tierras son las que se llamara posteriormente monte comunal, que de hecho quedará prácticamente abandonado en su mayor parte y utilizado esporádicamente y de forma marginal. Es justo señalar que existen Comunidades que debido a sus condiciones orograficas y edafológicas y por supuesto a una buena gestión directiva representan la excepción.

        En ese largo periodo y con anterioridad a los años cuarenta los intentos de repoblación de forma planificada fue un propósito varias veces intentada y nunca conseguida, pero es a partir de 1940 y por medio de una Administración Forestal creada al efecto(Consejo Superior de Montes, Dirección General de Montes, Caza y Pesca y Dirección del Patrimonio Forestal del Estado), que se comienza de forma planificada pero aún indecisa la forestación del monte comunal, porque es en los años cincuenta cuando se intensifica la repoblación que dura prácticamente hasta el año 1973. En ese periodo que va del 1940 al 1973 se repoblaron alrededor de 300.000 has. en el monte comunal, repartidas en 50.000 para la Provincia de Coruña, 90.000 para Lugo 90.000 para Ourense y 70.000 para Pontevedra. Siendo la superficie aproximada del monte comunal de 600.000 Has. , es notorio que la repoblación no se hizo de forma generalizada, quedó mucho espacio para otros usos, incluso creo que la repoblación fue insuficiente, pues quedaron algunos terrenos en las partes altas del monte, con suelos muy empobrecidos sin reforestar.

        Todo ese proceso reforestador se realizó bajo el auspicio de un régimen político autartico, pero esta casual circunstancia no deprecia el sentido lógico de la repoblación. Posteriormente en los años setenta el Icona asume las funciones de conservación del monte, pero ya es tan enrevesada la situación que poco puede hacer, y pasa a ser el chivo expiatorio sobre el que recae toda suerte de calificativos. De manera gradual el Icona va perdiendo competencias a favor de la administración autonómica, aunque sigue realizando labores de coordinación y colaboración. Con la promulgación del Estatuto de Autonomía en el año 1981 la totalidad de las competencias forestales inclusive el régimen jurídico de los montes vecinales, pasan a depender de la Xunta de Galicia. El destino de los montes vecinales sigue corriendo la misma o peor suerte, los cambios de administración apenas significan modificación de actitudes. Unicamente se produce una variación a partir de los año 90 de tipo cuantitativo más que cualitativo en la lucha contra los incendios, ya que se dedican más medios y recursos para la extinción, pero las causas subyacentes permanecen por lo que las superficies incendiadas varían de un año a otro, más dependiendo del clima y de la oportunidad que de las medidas puntuales.

        En él prologo de la edición del II Inventario Forestal publicado por Icona se hace una reseña histórica, geográfica y económica del monte en Galicia con demostrado acierto y rigor, en la línea de todo el completo y meritorio trabajo que sigue a esos comentarios de introducción, y con mucha más precisión de la que mi buena voluntad, exenta eso sí, de todo interés que no sea el de imaginar un país más prospero y coherente, con respecto a lo que se denomina:

        -LA QUIEBRA DEL SISTEMA DE CULTIVO TRADICIONAL-

        "A partir de 1900, por citar una fecha como referencia, y poco a poco, el pinar que se sembraba con las semillas del tojo arnal, va representando mayor interés económico para el labrador, que hace del monte su caja de ahorros para las ocasiones de gasto necesario.

        Continúa el proceso de sustitución del cultivo del tojal y también con lentitud se abandonan las rozas y estibadas, y los mejores montes abertales (una vez que ha desaparecido la función de aprovechamiento común), para la producción de trigo o centeno, son partidos e individualizada su propiedad. Quedan, en general, como montes de explotación común aquellos vecinales de peor calidad o los que, situados en las zonas más pobres y áridas, cumplen todavía su función tradicional, los cuales también con el tiempo serán abandonados, una vez que suceda la despoblación de la zona, al ser tierras marginales incapaces de atender las necesidades de una población que encuentra mejores posibilidades de vida sin la dureza de un cultivo escasamente productivo.

        Es todo un lento proceso de cambio que llega hasta tiempos muy recientes. Acaso culmina hacia 1970, salvo concretas y episódicas excepciones.

        En tanto y en los últimos-1950 en adelante, la administración agraria trata de reforestar los montes vecinales aún antes de resultar obsoleta su función tradicional de producción de esquilmos y pastos para el ganado, lo que origina fuertes tensiones y el rechazo al monte poblado que se manifiesta en futuras acciones incendiarias. "


        Como va implícito en el texto, la función tradicional es de tipo marginal y solo afecta a un numero corto de personas, aunque se resalte el que aún no era una actividad obsoleta el pastoreo y la obtención de esquilmos en el monte público cuando se comienza con decisión la repoblación a partir del 1950. Es posible también, que debido al continuo reparto de la propiedad, el monte propio resulte incomodo para la recogida de esquilmos y por eso algunos vuelven su interés sobre el monte comunal, en otro tiempo utilizado como un recurso complementario, pero eso no mejora la precaria situación del agricultor, por lo que vuelven a quedar abandonados coexistiendo con algunos reductos de ganado salvaje en clara contraposición con el crecimiento forestal. Este abandono del monte lo siguen achacando los críticos de la repoblación a las actuaciones de las administraciones de aquella época, la califican con todo tipo de defectos y ninguna cualidad bondadosa, de expoliadora para el campesino, abusiva, descoordinada, técnicamente mal realizada, productivista y generadora de incendios. Aunque es partir aproximadamente del año 1970 cuando comienzan los grandes incendios forestales, justificados por algunos sectores sociales de opinion que confunden todo y a casi todos, pero que coinciden, y no casualmente, con la aplicación de la Ley de Montes en Mano Común promulgada en el año 1968.

        La no-dedicación a las tareas tradicionales tales como la obtención de esquilmos y la manutención del ganado en pastos de montaña no es una perdida que desvalorice la repoblación, más bien es una disculpa para desprestigiar y atacar al Régimen, por la vía de criticar la repoblación, pues la desolación de las zonas rurales en busca de un mejor nivel de vida no pasa por persistir en tan duras e inútiles ocupaciones. Los esquilmos necesarios y los pastos más rentables se realizan en las tierras particulares, tambien con lentitud van siendo reconvertidas las llamados "toxeiras" o “toxais” en pastizales, ambos lo más cerca posible de la vivienda. No podía ser de otra manera ya que las fuertes pendientes y la inexistencia de pistas forestales(realizadas tiempo más tarde) impedirían tales aprovechamientos en el monte comunal, aunque no de una forma generalizada, pues los tojales particulares dejan de ser funcionales por la constante división debido al reparto entre herederos propiciada por la Ley de Sucesiones vigente aún hoy en Galicia, salvo para tierras ya concentradas.

        Se dice ahora con razón, que los problemas que afectan al medio forestal en relación con usos e intereses contradictorios, son de difícil solución. Pero lo son más por que los legisladores y políticos iniciaron ya en el año 1968 un proceso, que lejos de mejorar el uso y racionalización a partir de lo que había, ampliando el territorio y potenciando la gestión de unas Juntas de Comuneros, conformadas para tal objeto, lo que hicieron fue atomizar y desproteger el monte comunal al dejarlo al albur de todo tipo de acción que generara un aprovechamiento particular o de grupo, al margen del interés general.

        El exiguo rendimiento económico de las pequeñas parcelas arboladas de particulares provocó un sentimiento añadido de rechazo al monte comunal arbolado por considerarlo, aparte de una propiedad de uso vecinal, un competidor. Ello estimuló aún más las acciones incendiarias, tanto en el monte comunal como en el particular, en uno por disminuir la oferta forestal pública y en otro por él desanimo y el poco celo en la prevención. Si a todo ello añadimos la iniciativa de recuperación de los usos ganaderos antiguos y siendo los comunales espacios más amplios para tal fin y de más fácil utilización en razón de su abandono y nulas exigencias de los comuneros responsables, se completa el cuadro más desordenado en el sector agro-ganadero-forestal que pueda darse. Lo lógico seria dedicar los terrenos particulares arbolados, que ya no representaban el ahorro de emergencia de otro tiempo, en pastizales y los comunales debían continuar como terrenos de uso forestal, de forma que cada actividad no se perjudicara entre sí. Es muy frecuente que incendios iniciados en propiedades vecinales próximas a los montes comunales afecten a estos, inclusive con permisos para quemas,con lo que es muy sospechoso que esas acciones no sean para extender el fuego al monte comunal.

        Como esta situación descrita no tiene visos de que cambie, si acaso muy agravada por los incendios continuados, hay que considerarse pesimistas y entregarse al fatalismo de lo irremediable, a pesar de los optimistas mensajes programaticos de las campañas electorales.

        Las TABLAS1 que recogen la estadística de los incendios en los últimos 26 años por provincias y el resumen de Galicia, muestran un resultado desolador, en el año 1972 o anteriores en el resumen de Galicia sobre una superficie potencialmente forestal de 1. 968. 310 has. , Había aproximadamente 1. 450. 000 has. de arbolado por solo 518. 310 has. de desarbolado, o sea una relación porcentual de 73, 7% a 26, 3%. En el año 1998 quedaban solo aproximadamente 735. 063 has. arboladas por 1. 233. 247 has. desarboladas, la relación porcentual se invirtió de 37, 3% a 62, 7%. Las 714. 937 has. quemadas en el arbolado en 26 años representan el 49, 3% del arbolado existente antes de 1973, afectando a todos los municipios de Galicia y a casi todas las parroquias. La provincia más afectada relativamente al arbolado preexistente fue Pontevedra con el 81, 1 %, seguida de Ourense con el 64, 7%, Coruña con el 36, 8% y Lugo con el 33, 9%. El monte vecinal actualmente tiene alrededor de 100. 000 has. arboladas por lo tanto fue más afectado porcentualmente que el monte particular y también por sus peores condiciones edafologicas y su menor profundidad el daño a su capacidad regeneradora de cubierta vegetal fueron mayores.

        La polémica que la repoblación forestal desató en algunos segmentos de población fue evidente. Entre los que se encuadraban como enemigos políticos del régimen cuyo hábitat era los núcleos urbanos la repoblación significó un expolio, una imposición, las valoraciones sobre lo necesario de tan loable empeño fueron secundarias. Se aprestaban a recoger los aspectos negativos y los resaltaban con vehemencia. Ninguna valoración positiva mereció ser tenida en cuenta, simplemente las ignoraron. Desde una posición mas técnica y más especializada, la repoblación fue rechazada también por perjudicial para el agricultor. Las especies no habían sido las adecuadas y la limitación de las actividades ganaderas principalmente, un abuso y un error que pagaron los vecinos con la miseria y la emigración. Siendo la población rural la mas implicada en los efectos de la repoblación, no fue encambio unánimemente contraria a la misma, aunque mayoritariamente no fue bien acogida.

        Una de las características de la repoblación forestal más criticada por parte de una opinión pública mayoritariamente urbana y desinformada, fue el que se refería a las especies empleadas. Una critica desproporcionada y exenta de realismo culpabilizó a las especies forestales, principalmente al pino y eucalipto como desencadenantes del empobrecimiento del monte, de su característica de arboles pirofilos, etc. El monte repoblado no puede empobrecer a sus propietarios sean particulares o comunidades, por la sencilla razón de que a excepción del Estado apenas se invirtió en plantar y menos en la conservación. Mientras que para mantener la cabaña ganadera tiene que invertir y a veces no consigue evitar la mortandad y en consecuencia la miseria. En el monte la madera como en la bolsa los precios pueden subir o bajar, en ningún caso producir otros trastornos económicos que el tiempo no solucione. Para algunos ayuntamientos la venta de madera fue la forma de tener la financiación más efectiva, rápida y en algún caso la única. La repoblación del monte comunal en aquellos años seguro que podía haber contemplado aspectos conservacionistas en algunos lugares, pero no creo que haya sustituido a una vegetación arbórea preexistente, sino más bien perseguía reforestar amplias zonas de matorral.

        Otros aspectos insistentemente criticados como, “forestalismo”, "productivismo" únicos fines de la repoblación, según los detractores habituales, la titularidad de los montes comunales, la ganadería extensiva y la supuesta vocación ganadera frustrada por la repoblación entre otros, sirvieron de coartada para enmascarar y justificar las intenciones incendiarias de unos, y mostrar una concepción progresista por parte de otros. Sobre estas cuestiones expondré mis puntos de vista, apoyándome en la documentación escrita que me pareció mas acertada. Antes y aceptando que mi posición tiene un sesgo claramente partidaria de las tesis repobladoras, sin entrar en detalles de tipo técnico sobre los que no estoy capacitado, y a modo de introducción planteo la siguiente propuesta: Si alguien demuestra que el sistema actual de propiedad y la actividad emergente que es la ganadería extensiva, aporta al común igual beneficio, habrá descifrado también el enigma para mí, que es saber datos estadísticos que indiquen cual es el valor real de esa economía, quienes son sus usufructuarios y cual es el beneficio social que representa en el medio rural para una mayoría de agricultores.

        Se puede aceptar que hasta los años cincuenta o quizás sesenta, había una cabaña ganadera de carácter extensivo que era para algunos vecinos más necesaria que las repoblaciones forestales, al menos a corto y medio plazo, pero siendo objetivos hay que coincidir que no en todo el terreno comunal se daba esta característica, pongamos por ejemplo que 50. 000 has. repobladas debían ser utilizadas para el pastoreo libre debido a sus mejores condiciones, no es posible que fueran más has. que estas, teniendo en cuenta que la superficie arbolada total de posible vocación agrícola y ganadera de toda Galicia no sobrepasa mucho las 500. 000 has. , y de ellas sobre 450. 000 son de propiedad particular. Es aceptable también que esas 50. 000 has. diseminadas por las cuatro provincias y en casos concretos han producido un profundo malestar y enfrentamiento entre la Administración forestal y los vecinos, pero la descalificación global es exagerada y manifiestamente tendenciosa, por mucho que se resalten los efectos económicos sobre la población campesina de cada parroquia afectada.

        La productividad forestal no es antagónica con la conservación del bosque autóctono ni perjudica al Medioambiente, sino al contrario, sustituir el monte desarbolado e inculto por vegetación arbórea favorece el proceso de la fotosíntesis. No creo que sea discutible esta afirmación. Pero donde los ecologistas centran el problema es en las especies. Por ejemplo, dicen el pino y el eucalipto degradan el medioambiente y eso es científicamente falso. Intuyo que la razón intrínseca radica en la asociación de estas especies con las industrias transformadoras de la materia prima. Estas industrias son claramente contaminantes, de acuerdo. Y quien más las soporta son los habitantes próximos, lo contrario de los lugares donde se concentren las masas forestales productivas, ahí su medioambiente habrá mejorado. A no ser que se demuestre que esas especies “nocivas” emiten gases venenosos en lugar de realizar el proceso de fotosíntesis por el cual los arboles envían oxigeno a la atmósfera en la fase luminosa y atrapan el anhídrido carbónico por medio de las hojas, en la fase oscura.

        Siendo estrictamente ecológicos se debían rechazar estas industrias, pero aún no podemos permitirnos ese lujo. Lo que hay que hacer es minorar sus efectos. Desde la ubicación industrial acertada hasta la aplicación de las técnicas anticontaminantes de la forma más rápida y eficaz posibles. La inexistencia de fondos financieros de las empresas para dedicar a esas técnicas y una reticencia de los responsables, sean ejecutivos o políticos, a invertir en adecuados procesos anticontaminantes, provoca que sean industrias rechazadas por parte de la población. Su mala imagen no se compensa con el valor añadido que genera. Pero estas industrias de alto rango son imprescindibles para capitalizar y rentabilizar los recursos forestales de Galicia. El hierro, el carbón, etc. han sido las materias primas en que se baso la llamada revolución industrial para transformar la economía de las zonas en que fueron explotadas. Los efectos contaminantes fueron evidentes, pero el desarrollo industrial introdujo a esos países en el estado de bienestar. Actualmente se puede y se debe planificar para que la incidencia del desarrollo en el medioambiente sea mucho menor que entonces. ¿Porque entonces esa pertinaz resistencia a aprovechar los recursos propios para la creación de riqueza?. !Que ingenuidad pensar que los procesos industriales exentos de contaminación y con un gran valor añadido debían instalarse en Galicia, aduciendo que si la gestión política fuera la adecuada, eso seria posible!. Debíamos dar gracias a que no se marche lo que tenemos.

        El diagnostico económico de Galicia refleja que aún estamos por debajo de la media española en Pib y Renta. Es significativo que sea el sector agrario el que empeora esos parámetros económicos. No podía ser de otra manera. La mejor o peor estructura económica de un país se fundamenta en la distribución adecuada y global de los sectores productivos llamados primario, secundario y terciario. El sector primario, o sea, la agricultura y sus derivados, el sector secundario los servicios y el sector terciario la industria. Esta suficientemente comprobado que una sociedad alcanza un status de bienestar más elevado, cuando los tres sectores básicos tienen la capacidad cada uno de participar en el Pib en proporción equilibrada y de emplear a una determinada población. Si se considera que el sector agrario debe absorber sobre un 20% de la población activa, el sector industrial el 30% y los servicios el resto. Es evidente que en Galicia con una proporción de 35% para el sector primario y el 15% para el terciario, manteniéndose los servicios en el mismo nivel, existe una descompensación que imposibilita el crecimiento y su renta.

        Estas premisas estadísticas lo son de partida y es lógico que varíen en sus porcentajes según como se apliquen y donde se apliquen. En Galicia la actividad agraria, está siendo abandonada, principalmente por la gente joven y esto seria una buena señal si su destino fuera el empleo en otros sectores, pero no es así, porque gran parte pasan a formar parte de las estadísticas de paro(Galicia tiene el índice de paro registrado por encima de la media española). Tampoco hay que relacionar estrictamente renta con pib y por supuesto la propia renta distribuida de una forma o de otra determina el nivel de vida individual. Pero está claro que el desequilibrio es evidente y que es el síntoma de que para Galicia no es posible alcanzar la renta media española a partir de tal deficiente estructura sectorial. Por otro lado el parámetro del precio de la tierra en los últimos años ha bajado y ello debe interpretarse como un síntoma propio de la improductividad del medio agrícola, y a su vez por la dimensión tan escasa de las propiedades rústicas.

        Esta visión de Galicia, muy manida por cierto, y con la que algunos no concuerdan no aceptando que sea síntoma de atraso. Habría que discutir para definir lo que es atraso, y así indefinidamente para no llegar a ninguna conclusión. O quizás si, a una sociedad primigenia, autosuficiente, y organizada de forma automática y espontanea para resolver los problemas que surjan en cada momento. Lo difícil no es la definición sino la solución, pero en Galicia parece ser que no importa lo que somos, donde estamos, por lo tanto ya no se asumen las reformas estructructurales necesarias y el grado de riesgo y compromiso que eso significa.

        Está suficientemente demostrado que el minifundio agrario, hace insuficientemente productivas tierras que explotadas en mayores superficies, evitaría la necesidad de una ganadería extensiva y residual que imposibilita la dedicación y explotación forestal. Al mismo tiempo la producción específicamente agrícola y ganadera se haría más útil y competitiva. Al observar un paisaje en donde las cotas altas están cubiertas de arboles, las laderas con ganadería y los valles cultivados, estamos viendo sin necesidad de parámetros económicos una ordenación lógica tanto estética como de producción. Este paisaje se suele dar en el Norte, principalmente en Cantabria, País vasco, algo en Asturias y Norte de Galicia, pero en menor extensión.

         La polémica entre "conservacionistas" y "productivistas" es una discusión estéril en la actualidad y desde mi modesto punto de vista resulta una ilusión pensar que el monte comunal puede ser un mosaico donde los pastos y la vegetación leñosa estén armónicamente delimitados. Ese era el deseo de los que creían en le monte comunal como solución de la pobreza de aquellos años, pero el monte comunal era la más infertil de las tierras que un agricultor podía utilizar, la pobreza y el hambre tenían otros orígenes. La coexistencia de los aspectos productivista y conservacionistas solo pueden darse por la actuación programada y organizada en dimensiones territoriales bastante más extensas que las que conforman las superficies medias de las comunidades.

        Al parecer el Plan Forestal contiene los argumentos suficientes para reiniciar la tarea de recuperación forestal, aunque el periodo de 40 años previsto para su concreción es ficticio y excesivo, porque en un periodo más corto debiera verse la aceptación por parte de los protagonistas en el presente y su previsible realización futura, siendo secundario el periodo de plasmación definitiva. La situación de la propiedad del monte tanto particular como comunal, la enorme fragmentación del monte particular, 600.000 propietarios con menos de 1, 5 has por propietario, 2640 comunidades vecinales con una superficie aproximada de 600.000 has. y una media alrededor de 230 has. por comunidad, son el lastre que hará inútil cualquier planificación, sino se modifica la estructura de la propiedad de las comunidades de montes de forma simultanea con cualquier iniciativa que pretenda mejorar los aspectos esenciales del monte y así potenciar la capacidad de gestión de las juntas de vecinos que administran los montes comunales.

        Previamente a esta reorganización de gran calado debiera procederse de inmediato a establecer unas franjas protectoras que separaran las propiedades comunales de las particulares y en algunos casos las comunales entre si. También es imprescindible separar las superficies arboladas y de matorral de riesgo de las viviendas y de los caminos y carreteras.

         En cuanto a los propietarios particulares deben concentrar los montes colindantes y crear asociaciones de explotación. Aquellos montes arbolados de pequeña dimensión que están aislados de otros, debieran dedicarse a la ganadería o a la agricultura, mediante la concentración de terrenos. Pero este es otro problema de mayor y diferente dificultad, cuya solución pasa por un cambio de mentalidad de toda una sociedad, lo que implica varios cambios generacionales que la demoraran sin previsión de plazo.

        No obstante como ampliación a estas iniciativas anteriores en el capitulo de conclusiones quiero aportar de que forma habría que afrontar la ordenación del territorio forestal, de forma que los usos no fueran motivo para que los incendios se produjeran con la profusión actual.

        El sector agro-forestal gallego tiene unas capacidades que aportar a la economía del país, siempre que se estructure de forma racional. Las limitaciones que se plantean al crecimiento industrial que se deriva de la producción forestal son un freno al desarrollo. Para ello tienen que cambiar actitudes personales, políticas, judiciales y sociales. Nadie, desde fuera va a resolver nuestras carencias industriales. Los capitales privados que generan inversión son invertidos en sus lugares de origen, a no ser que se le ofrezca la materia prima que no tiene. O quizás costos laborales y de producción más bajos, pero eso ya no es posible por el aumento del nivel de exigencia social. Si tenemos una capacidad de producción forestal para la industria, debemos primero desarrollar esa actividad, crear los centros de elaboración y así se habrá puesto en marcha el motor generador de valor añadido con nuestros propios recursos, en definitiva, sin dependencia.

        Ahora bien, supongamos que la mayoría acepta la realidad y los hechos como inevitables. Que la repoblación forestal fue una imposición del régimen franquista, y los métodos para llevarla a cabo reprobable. Que el beneficio de la riqueza forestal desaparecida no es contabilizable en términos de perdida de renta por persona. Que la situación de nuestro sector primario gallego es más equilibrada y más rentable y ordenado para el campesino. En definitiva, que se debe aceptar como cierta aquella terrible frase.”Sembraron miseria”.

        Entonces habremos perdido el tiempo pensando, polemizando, escribiendo sobre estas cuestiones los que más o menos opinan como yo. ¿Y que decir de la Xunta de Galicia gastando miles de millones en hacer de bombero?, ¿ Y el Estado central con sus campañas publicitarias de mentalización? ¿Y por que solicitan dinero publico las Comunidades de Montes para repoblaciones que no se diferencian en nada de las que se realizaron en el pasado en relación con las especies?. Entonces no habrá adjetivo por peyorativo que sea, que califique a los responsables. Porque ha sido un fracaso general, con muchos corresponsables. O quizás, como encabezaba un articulo el Sr. Anxel Vence. “O que lle pasa a Galicia e que está chea de galegos. . . . eis a cuestion”.

        Pero y si por el contrario y como creo el fracaso de la repoblación forestal, se debe a la sinrazón, porque la renta relativa del campesino ha bajado, el desorden estructural es manifiesto, el paisaje montañoso un erial, en definitiva un caos que alcanza el paroxismo cuando el tiempo es propicio para que afanosos y "misteriosos" incendiarios de bandas organizadas, según dijeran algunos despistados políticos, sigan abrasando esta descuidada tierra que otros intentaron mejorar, al contrario de calificar a la repoblación como una siembra de miseria. Pero la miseria de la que nunca van a salir esos "ecologetas" es de la miseria mental.


Los Conflictos de la Repoblación Forestal por Fernando Alonso González

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