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Introducción · La repoblación forestal ¿Causa o pretexto de incendios? · La ganadería de montaña ¿Compatibilidad forestal? · Las especies forestales ¿Otro conflicto? · La propiedad del monte ¿Origen de conflictos? Conclusión Estadísticas Contactar
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¿Causa o pretexto de incendios? Con reiterada frecuencia se ha sostenido y aún se sostiene, aunque con menos convicción cada vez, que la repoblación forestal se hizo de forma unilateral, en perjuicio de unos hábitos ganaderos que constituían un soporte fundamental de la economía rural. Así como que la propiedad del monte inculto debía volver a sus legítimos propietarios. A las repoblaciones inadecuadas de coníferas y eucaliptos. Y por último que como consecuencia de todo ello surgió el “fuego salvador”. Sin embargo, son concepciones y planteamientos de unos pocos que al fin y al cabo apenas influyen en los auténticos protagonistas que tienen capacidad para conservar o destruir el monte, me refiero a sus propietarios sean comuneros o particulares y no de mafias en sentido estricto. Es la conciencia de las personas que tienen conocimiento y relación con el monte, es su incultura, su cerrazón. Es el proceso seguido desde hace años por las diferentes administraciones que no condujeron, enseñaron y responsabilizaron a los que de nuevo accedían a una propiedad que se decía histórica. Es la responsabilidad de una justicia que no tiene en cuenta las evidencias para emitir sentencias ejemplarizantes. Es la forma de no entender que los tiempos ya no eran los mismos. Se había pasado de una sociedad casi arcaica, a una sociedad con objetivos diferentes, ya no se trata de subsistir sino de producir para vivir y vivir a un ritmo que en nada se parece al de antaño. Tener unas cuantas cabezas de ganado como complemento del sustento familiar, no es el objeto. Hay que tener una cabaña bien dimensionada para surtir un mercado local, regional o nacional. Es necesario producir lo suficiente para hacer las explotaciones rentables, pero los buenos negocios se hacen desde la previsión, incrementando la cabaña a un costo razonable, cuidándola y no deperdigandola a la intemperie y expuesta a todos los peligros. El tratante en las ferias de ganado no necesitaba más que su habilidad, al mercado llevaba el mejor o el peor ganado y lo llevaba de la mano por la cercanía de la feria, hoy hay que añadir el coste del transporte. El margen comercial era suficiente al nivel de vida de entonces. Hoy para obtener el mismo beneficio relativo hay que vender mucho más. Una creciente demanda urbana exige precios asequibles a su nivel de vida y como la oferta es variada en procedencia y competitividad, los precios bajan. La consecuencia es que la deficiente explotación ganadera gallega se arruina, la mayoría de las ferias de ganado han desaparecido y como antes desactivo otra economía más lógica, menos exigente en el tiempo, ahora lo que queda son terrenos sin arbolado, abandonados expuestos al próximo y desesperado intento de recurrir al fuego para sostener a una ganadería que irremediablemente va a desaparecer. ¿En que medida tantos argumentos en contra de la repoblación forestal han contribuido a su descrédito para facilitar el encubrimiento de muchos oportunistas, desaprensivos y malhechores, o a la formación de una opinión pública sesgada y confusa, o a la incapacidad de legisladores y gobernantes para tomar decisiones legislativas y administrativas razonables, comprometidas con el bien común para investigar, denunciar y reprimir a quienes solo buscaban exiguos intereses, desvinculados del mejor aprovechamiento común del monte?. No son preguntas que se puedan responder sin herir muchas susceptibilidades personales, debido a los estereotipos, prejuicios y no pocos principios ideológicos. Pero el desastre en que se han convertido los montes comunales de Galicia como consecuencia del oscurantismo de la sociedad rural, el electoral e interesado protagonismo político y la ineficiencia gubernamental, requieren un claro juicio de descalificación generalizada de la mayor parte de los planteamientos que se han hecho hasta el presente en contra de la repoblación forestal iniciada alrededor de los años cuarenta. Porque aunque lo que sugieren son alternativas, sus alternativas, la opinión pública ha quedado influenciada por opiniones que mediatizan y mentalizan a mucha gente que, en definitiva justifica a incendiarios de cualquier intención, y conforman concepciones inexactas y demagógicas. Al mismo tiempo que describo mis impresiones sobre los tres conflictos que afectan de forma principal al medio forestal, la ganadería, las especies forestales y la propiedad del monte comunal, no deseo que se piense que son estos los causantes directos, pues actividades como la caza, el alejamiento del lobo y el jabalí, la creación de pastos y principalmente la eliminación de matorral, así como otros muchos motivos unas veces esporádicos y otros mas regulares son la causa de los incendios que generaron la casi desaparición del monte vecinal repoblado y parte del particular. Aunque no pretendo demostrar de manera infalible las motivaciones, causas y el componente humano que dan origen a los incendios forestales, sin embargo y de forma implícita se va a entender que es en los usos, y en los comportamientos de la población rural más que en intereses económicos importantes lo que mueve a los incendiarios. En un certero informe de los Sres. Pedro Arias y Miguel Cancio publicado en la Voz de Galicia en el año 1990 y con vigencia actual opinan: "Como se puede apreciar en la gráfica número uno hasta la década de los setenta los incendios forestales aparecían como hechos puntuales, de escaso alcance, tanto en su número como en la superficie afectada. Y lo que resulta igualmente significativo, con una escasa proporción de quemas intencionadas, en torno a la quinta parte del total de los registrados. Desde una óptica socioforestal esta época se caracterizaba por dos rasgos definitorios: (a) un alto grado de control policial de las zonas rurales, y (b) una elevada presencia de mano de obra agrícola en los espacios agroforestales gallegos que además de conferirle un amplio uso social operaba como tejido humano protector. La primera constatación es obvia, el modelo político de la dictadura conllevaba un sistema de supervisión capilar de todo el tejido social, con especial eficacia en el mundo rural. No pasaba nada en el campo gallego que no fuera conocido por los aparatos de seguridad del régimen lo que servia para el control socio-político presentaba el subproducto de preservación de las masas forestales. Ya con la decadencia del franquismo se atenuaron los controles represivos también en el mundo rural. La acción incendiaria comenzó a cobrar impunidad. " El control policial realizado bien por la G. Civil o por los guardias forestales era efectivo, no solo por el respaldo del sistema político imperante, sino también por la concentración de la responsabilidad, al ser el Estado a través de sus organismos locales el protagonista de una planificación repobladora con un territorio bien definido en su valoración y vocación forestal. En referencia al monte particular que en muchos lugares está unido al comunal, de forma que resulta difícil fijar los linderos de cada uno, se beneficiaba de ese control, pues la prohibición de hacer fuego en los montes propios estaba justificada por la preservación de los montes repoblados por el Estado. El laboreo del monte se hacia preferentemente en los montes particulares, seria absurdo hacerlo regularmente en los montes del Estado, por eso no tiene sentido relacionar la limpieza del monte con los incendios. Los montes comunales no se limpiaban sencillamente se protegían. Pongo en duda que avanzado ya el periodo del régimen franquista se limpiaran los montes comunales tal y como se ha dicho, puesto que la dificultad para trasladarse por pendientes acusadisimas sin pistas forestales y con el transporte por medio de animales de tiro. Los esquilmos se obtenían en los tojales que eran de propiedad particular, que normalmente eran los de mejores condiciones para ese trabajo, mayormente al abandonar los cultivos tradicionales de subsistencia. Al disminuir la necesidad de utilización del matorral, más concretamente del tojo, se incrementó el potencial peligro de incendio en el monte particular y no de forma fortuita o casual, sino por la acción del propietario para despejar el entorno y la forma más rápida que encuentra es prendiendo fuego de forma intencionada y sin preocuparle que esa acción produzca daños al monte contiguo al suyo de otros vecinos o comunal. Hacer comprender al agricultor medio gallego de lo dañino de tales acciones por medio de la publicidad es de lo más inútil que se ha hecho para preservar los entornos forestales de la acción de estos elementales protagonistas, por cuanto existe todo una sociología rural propicia a transmitir de padres a hijos el uso del fuego. Los niños observan desde pequeños como sus mayores hacen uso del fuego para quemar vegetación y lo aceptan como algo beneficioso. Se podría decir y es corriente oír que si es tanta la perdida porque no se desbrozan y limpian los montes. En primer lugar habría que limpiarlos todos los años y en toda su extensión, tarea prácticamente imposible, pero suponiendo que fuera posible y teniendo un costo de limpieza por Ha. por lo bajo de 25. 000 ptas. , tendríamos que para limpiar un millón de Has, se necesitarían 25 mil millones año, cifra que absorbería gran parte o todos los beneficios netos. La limpieza de los montes es un tópico más entre tantos, puesto que aceptado el cambio de costumbres, lo lógico seria que el tojo, principal elemento aprovechable en otro tiempo, fuera disminuyendo por la acción de la forestación y otras practicas quedando como un componente más de la naturaleza en necesario retroceso. Lo que sucedió es que el tojo, mejor aún que otros arbustos, sirvió de material para propagar los incendios que a su vez tienen el objetivo de generar pastos o despejar el terreno. Se hace muy común resaltar la proveniencia foránea del eucalipto, en cambio esa misma condición y más reciente la tiene el tojo, que vino a sustituir al tradicional matorral compuesto de carrascos, “carqueixas”, “xiestas” en el monte alto y helechos en el bajo. El tojo representa el material combustible idóneo para propagar incendios y no el eucalipto como se ha divulgado, por tanto seria conveniente transformar los tojales en praderas de montaña o en montes arbolados con un matorral de helechos o gramíneas de poco crecimiento, para ello habría que acometer inversiones publicas en grandes superficies, pero entonces nos encontraríamos ante la dificultad de realizar tratamientos extensivos que requerirían el acuerdo de propietarios, lo que conociendo la mentalidad campesina y la situación territorial minifundista seria tarea harto difícil. No obstante, a mi parecer no hay alternativa, o desaparece el tojo, o cambian las malas e intencionadas practicas de eliminación del tojo, o tendremos incendios sin fin previsible. Y tengo claro que no es en la limpieza del monte donde esta la solución sino en la sustitución del tojo y de otras especies arbustivas que facilitan la propagación de los incendios, por que el paulatino y continuado proceso de cambio de costumbres derivaron en la situación actual, donde practicas como el aprovechamiento del matorral, las estibadas, las podas, inclusive la agricultura de montaña han desaparecido, pero no así la utilización de pastos para el ganado, esta ha sido la actividad preexistente que ha descompensado la balanza y roto el equilibrio, al mismo tiempo que ha hecho fracasar la repoblación forestal en mayor proporción que ninguna otra causa y motivo de discordia que haría fracasar cualquier repoblación del tipo que fuera. En el capitulo de conclusiones sugiero que en una primera fase se delimiten las propiedades comunales de las particulares de forma que se puedan establecer unas franjas de seguridad, cuidando que estén desbrozadas de arbustos y dedicadas a tareas agrícolas y ganaderas, quizás así se evitarían muchos incendios, comenzando el ordenamiento del monte por la separación de propiedades que es un motivo de conflictos más frecuente de lo que se piensa. En una segunda fase más ambiciosa se debería afrontar la concentración de propiedades. Un pretendido fundamentado estudio sobre los incendios forestales decía que era en los territorios periurbanos y no en los marcadamente agrícolas donde había más incendios, cualquier estadística con un mínimo de rigor indica que esa es una conclusión falsa. No se entiende lo que quiere decir periurbano, para definir un tipo de población en Galicia donde la agricultura y la propiedad forestal están íntimamente unidas. Las motivaciones para prender fuego a un monte o a un bosque son de variado carácter. Tal circunstancia no debe servir a nadie para sacar conclusiones generalizadas, queriendo tomar el todo por la parte, sin embargo lo que interesa determinar es la frecuencia porcentual que cada causa ha supuesto para que el monte sea quemado. En la revista que sobre el campo editó el B. de Bilbao en el año 1993, aparece un informe del Sr. Placido Bahamonde Lopez(1) sobre la causalidad de los incendios, apoyándose a su vez en una encuesta realizada en el año 1991 por la Xunta de Galicia(2). Tal informe concluye en las TABLAS2 con las causas más importantes. A este trabajo he añadido por mi cuenta él % de superficie que creo fundamental para fijar la responsabilidad de los diferentes causantes en relación con la superficie quemada, dato este que de forma relativa yo me atrevo a reflejar, basándome en la frecuencia con que estas intencionalidades aparecen, comparando las más frecuentes con otras de las que solo esporádica y puntualmente se tiene noticia. Las TABLAS2 E-6.1 y E-6.2 ordenadas porcentualmente según la causa de los incendios reflejan unos % de superficies quemadas de difícil demostración. Pero si nos basamos en la lógica de los tipos de incendios, tanto en lugares cuyos usos posteriores demuestran un aprovechamiento concreto, en las inquietudes personales de una parte de la población rural y en la ocupación y actividad de las personas que fueron sorprendidas unas veces y detenidas otras, se ve que los incendios son causados en mayor numero por actuaciones individuales que por grandes organizaciones o "mafias", o quizás por pequeños grupos organizados de la localidad o de fuera. La frecuencia con que se delata el móvil de una motivación de búsqueda de pastos es superior en el monte comunal a cualquier otra. No debiera desconcertar a nadie la existencia de incendios de parecida característica en Zamora, Leon, Asturias y quizás en otros lugares de España y también en el Norte de Portugal pues las motivaciones son la mayoría de las veces, las mismas que en Galicia. No es mi deseo demonizar de forma generalizada a todas las personas cuyo ámbito es el campo, ni tampoco despreciar las actividades que conllevan un esfuerzo personal y a veces una única respuesta a necesidades prioritarias, como puede ser disponer de unos recursos derivados de la venta del ganado, pero transcurrido el tiempo ya debería atisbarse un cambio en las costumbres y en las disposiciones oficiales, de forma que los intereses de pocos no limiten las mejores posibilidades del monte. Aquí la administración tendría que abandonar la indecisión y la pasividad que mantiene desde hace mucho tiempo para resolver, inclusive por medio de indemnizaciones, la retirada del monte comunal del ganado libre existente, siempre que los comuneros se lo soliciten por razón de proteger iniciativas repobladoras o de conservación, a su vez subvencionadas. La administración debiera ser la que aportara claridad estadística a la superficie que se quema por una y otro causa, pero eso seria tanto como pedirle que una vez diagnosticado el problema, no tuvieran ya disculpas para enfrentarse al mismo de forma diferente a como se está haciendo. Han sido varios los responsables de la Conselleria de Medioambiente que al acceder al cargo, no recurran ante la avalancha de incendios al peregrino argumento de la existencia de mafias u organizaciones de delincuentes comunes. Una vez que ya tiene experiencia y empieza a conocer la raíz del problema, es sustituido por otro que lejos de aprender del anterior, comienza a proponer soluciones ya fracasadas u otras nuevas que lo único que aportan es el titular de prensa y las consabidas promesas de persecución de los incendiarios para presentarlos ante la justicia, amenazando con la acusación particular. O no hay tal acusación particular oficial, o los jueces pasan olímpicamente de ella. En estos últimos años se ha detenido a cientos de presuntos pirómanos, creo que salvo una sentencia de cuatro meses de prisión a un reincidente, no se ha aplicado a nadie toda la pregonada dureza con que la ley iba a castigar a los culpables. Al parecer no hay pruebas, las evidencias no cuentan como tales, y cuando hay pruebas los daños, por importantes que sean, no se estiman en concordancia con la voluntariedad del hecho. Resulta desalentador que se maneje políticamente el hecho de los incendios, por ejemplo cuando se informa sobre la superficie quemada como un argumento de rentabilidad electoral, siempre se quema menos que el año anterior. La oposición política discrepa de estos datos y se ofrece para apagar más incendios por minuto, aduce que la descoordinación entre administraciones es manifiesta, que los montes había que haberlos limpiado en invierno. Los sindicatos agrarios y grupos ecologistas ponen el acento en oscuros e ilícitos intereses empresariales y privados, repoblaciones abusivas de eucaliptos perjudicando a la agricultura y a la silvicultura autóctona, inadecuada utilización del gasto para tan inútil objetivo, escaso personal para apagar incendios, desconcertante esta última denuncia, ¿no?. Mientras estos pasivos protagonistas nos obsequian con sus imaginarias deducciones y denuncias, nunca demostradas, los autores, toman tranquilamente la "chiquita", "juegan la partida" y esperan inquietos que la noche sea una vez más su aliada. Estos conocidos y no denunciados "matones de aldea", en reducido grupo, individualmente, o pagando a algún cómplice de confianza aprovechan el clima propicio para seguir un año más regocijándose de tanta astucia, como de ineficacia y despiste, demuestran los figurantes de turno. El informe sobre la prevención de los incendios forestales a los que me he referido y publicado por la Xunta de Galicia, tiene un defecto que a mi juicio no es achacable al método utilizado según el cual responsables administrativos próximos al mundo forestal contestan a un amplio cuestionario de preguntas. Posiblemente sea la única metodología no policial que acerca el problema de los incendios a la realidad, ahora bien, los verdaderos protagonistas son aquellos componentes del extracto social de donde salen los causantes, que no son otros que los habitantes de las zonas rurales, y que a veces no tienen su residencia en el lugar de origen sino en núcleos de población más grandes. Pretender que los campesinos, delaten a un vecino incendiario es la más estéril de las pretensiones. En el ambiente rural no existe conciencia del perjuicio que se causa al monte y más si este es comunal. Aunque se conozca al infractor, este no será delatado, pues ello implicaría un enfrentamiento de por vida con personas muy próximas, a veces hasta familiares y con frecuencia con un marcado componente de agresividad en su personalidad y determinación en sus acciones que atemoriza a cualquiera que quisiera ejercer la defensa de intereses comunales o de sus propios principios. Así que estas averiguaciones debían ser exclusivamente de tipo policial y se supone por tanto que de razonamiento lógico. Después de veinticinco años de incendios continuados, hay evidencias más que suficientes para intuir quien o quienes son los incendiarios. Por ejemplo, cuando se produce un pequeño foco de incendio lo más seguro es que sea una sola persona, por una de las numerosas causas que se reflejan en las TABLAS como de tipo menor. Normalmente estas personas actúan a la luz del día con el objeto de controlar de alguna manera el incendio. Si son sorprendidos declaran que se ha debido a descuidos, o se niegan a reconocer el hecho. Si el incendio es de grandes proporciones e incidiendo más en la propiedad comunal, entonces lo más seguro es que sea un grupo de personas organizadas que actúan de noche, muy conocedoras del monte. Las causas están relacionadas con un uso interesado del monte, la mayoría de las veces para propiciar pastos naturales que mantengan una cabaña de ganado libre o semi-libre. Aunque no es siempre esta la causa de los grandes incendios, si fue inicialmente la motivación que más superficie arbolada destruyó. Como su objetivo era favorecer el mantenimiento y cuidado del ganado, por eso se sigue quemando el matorral cuando este imposibilita que se den las condiciones que los propietarios necesitan. La Repoblación Forestal fue un pretexto para justificar acciones personales y de grupo, por tanto las informaciones sesgadas, cuando no intencionadamente desviacionistas, las falsedades o medias verdades dieron la apariencia de que la reforestación y conservación de los montes tenia un claro beneficiario en la empresa que utiliza la madera como materia prima. Cuándo se produce un incendio forestal lo más fácil es recurrir al manido tópico del maderero o la industria que queman por interés la pregunta es ¿Puede alguien que pretenda vivir de una producción destruirla de una sola vez?. Es seguro que algunos madereros quemaron y queman el monte para provocar una operación puntual a más bajo precio, pero es mucho más cierto que es un protagonismo secundario y oportunista de una situación caótica y generalizada que no desencadenó, al menos inicialmente. En defensa del medio ambiente no creo que se postule la destrucción selectiva del arbolado, al menos por parte de opinadores más o menos versados y supongo que como personas con formación y sensibilidad lo que cree en sus planteamientos porque les, merecen confianza, al margen del análisis objetivo. Ello siembra aversión y a partir de ese sentimiento se puede dar casos de eliminación del arbolado considerado indeseable provocando incendios de difícil explicación, por lo que se deduce que no persiguen otro fin que la destrucción misma. Es sintomático también como se destruyen eucaliptos arbitrariamente en lugares donde sus propietarios no lo hacen. O como se prende fuego a pie de árbol como si de un rito se tratara. Pero en el sector agro-forestal y más concretamente en el ambiente campesino entran otros factores y circunstancias de carácter costumbrista que están al margen de discusiones más o menos especializadas, como es realizar quemas de rastrojos de forma irresponsable, o la obtención de pastos, limpieza de la maleza, etc., etc. , y esto añadido a egoístas intereses especulativos, a políticas administrativas equivocadas, a un electoralismo oportunista, inexistencia de investigación eficaz, información oficial absurda y descomprometida, desconexión entre administraciones, una legislación que no se aplica y por tanto impunidad. Como testigos mudos, una sociedad rural ignorante y despreocupada por problemas que cree no le afectan a no ser que el “fuego salvador” le queme las posaderas o su patrimonio inmueble. En la siguiente nota de redacción del Faro de Vigo se compendian parte de los argumentos expuestos: -Un vecino de Vigo supuesto autor de un incendio en la Gudiña- “E.M.R., de 69 años de edad y vecino de Vigo, fue detenido por la G.Civil en la madrugada de ayer como supuesto autor de un incendio forestal en la localidad ourensana de A Gudiña, de donde es natural. El fuego, declarado sobre la 1.30 horas en el monte conocido como O Carballal, calcinó una hectárea arbolada y otras ocho de monte bajo, con robles y matorral, y de propiedad comunal y particular. El incendio, que fue sofocado por componentes del Servicio de Extinción de Incendios de la Xunta de Galicia, durante esta pasada semana con mucho trabajo en la provincia ourensana, fue posteriormente investigado por la G.Civil y ésta, en torno a las 3 de la madrugada procedia en A Gudiña a la detención del supuesto pirómano, el citado vecino de Vigo E.M.R. El detenido, que carece de antecedente alguno, habría reconocido ante la G.Civil ser el autor de la quema del monte y manifestó al respecto como aclaración “que lo habia echo debido a la necesidad de eliminar maleza con el objeto de conseguir de esta forma, el terreno apropiado para el pastoreo de ovejas”. Ayer E.M.R., pasó a disposición del juzgado de guardia de Verin.” El autor del incendio vive habitualmente en un lugar distinto al de su origen. Este hecho se da con frecuencia. El incendio quemó tanto superficie arbolada como monte bajo. Su objetivo era simplemente quemar, sin distingo de especies. El tipo de propiedad tampoco significó una selección, puesto que aunque pretendiera quemar en una o en otra propiedad el fuego actúa de forma incontrolada. Circunstancia de poca importancia para este tipo de personas. El autor del incendio no es componente de ningún grupo mafioso ni con intereses importantes de fondo en su afán de utilizar el monte para el pastoreo de ovejas. Concluyo este capitulo resumiendo por orden e importancia las medidas que habría que tomar para la solución de los incendios: 1) Delimitacion con grandes franjas de separación desbrozadas, las propiedades particulares en conjunto de las comunales. 2) Desbroce de lindes con carreteras, caminos y viviendas. 3) Sustitución del tojo y otros matorrales invasivos en las franjas perimetrales por herbáceas y arbolado ralo. 4) Delimitación de las áreas de pastoreo del ganado libre,a poder ser en las areas delimitadas entre propiedades. 5) Delimitación de otras actividades y funciones(Caza, parques, cultivos, etc.) 6) Medidas de investigacion, vigilancia y represión efectivas. 7) Sentencias judiciales ejemplarizantes. 8) Extinción 9) Educación y formación En la actualidad solo la extinción de incendios se aplica con cierta efectividad. Las medidas judiciales no desaniman al incendiario. Tampoco la vigilancia surte efectos pues aunque se realizan algunas detenciones, no existe conexión con el sistema judicial. La educación y la formación son fundamentales, pero sus resultados se llegarían a ver después de muchas generaciones. Lo lamentable es que sé esta malinformando con lo que en esta faceta se ha perdido tiempo en lugar de ganarlo. Siendo para mí las tres primeras medidas las más trascendentales, son en cambio las que necesitan de cambios estructurales más profundos para que pudieran llevarse a cabo. Es en este punto donde mi escepticismo se hace patente como se puede comprobar a lo largo de mi exposición. En la conclusión de este informe hago provisión de optimismo y detallo cuales son a mi juicio los pasos a seguir. |
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| Los Conflictos de la Repoblación Forestal | por Fernando Alonso González | ||||